MAITE ROZO RICO
Cooperadora Paulinas
Trabajar en la viña del Señor como laica ha sido para mí una experiencia maravillosa. Empezar no siempre es fácil porque es necesario afinar muy bien el oído para escuchar el llamado del Señor. Los ruidos del mundo son mucho más sonoros y llamativos que el suave y casi imperceptible susurro de su voz. Finalmente el Señor cautivó mi corazón y comencé a vivir mi vida de una manera distinta, tratando cada vez más de hacer con amor su voluntad y no la mía egoísta y mezquina. Comprendí que para ser su discípula debía comenzar siguiendo el ejemplo de María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» (Lc 1, 38). Fui abriendo cada vez más el corazón a su Palabra, y entendí su amor por mí, y comencé a amarlo por el poder de su gracia y El a habitar en mi y transformar mi vida por completo de acuerdo a su promesa: “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.” (Jn 14,23). El fruto de ello es mi compromiso con la evangelización día a día, en mi entorno, en mi trabajo, con todos los que me rodean; y se hizo realidad gracias a la Familia Paulina de la que, por gracia de Dios, formo parte como miembro de la asociación de Cooperadores Paulinas. Allí trabajamos para dar a conocer a nuestros hermanos a Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida de la mano de María Reina de los Apóstoles. Tuve la fortuna de participar en la misión bíblica, que con motivo del año paulino se llevó a cabo en Santander de Quilichao (Cauca), el año anterior, compartiendo con los hermanos de esa región el amor del Señor y la riqueza de la vida del apóstol San Pablo.
Es maravilloso ser parte de los “discípulos misioneros” que llevan la Palabra de Dios y su mensaje de amor a todos los que lo necesitan. |