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UNA FIGURA DE COOPERADORA
RECORDADA POR EL FUNDADOR

La señora Amalia Vitali Cavazza
Tomado del “Estatuto de la Asociación de Cooperadores Paulinos”

Entre los primeros Cooperadores, la divina Providencia asignó el desempeño de un quehacer maternal a una persona: la señora Amalia Vitali Cavazza. Ella comprendió; la casa San Pablo pasó a ser su casa de adopción; la amó y fue correspondida en el afecto; comenzó y desarrolló cuanto pudo las formas de cooperación [...].

Su primera cooperación la prestó con la oración: hasta en las jornadas más rígidas se presentaba y hacía gustosamente la comunión en la capillita de la casa San Pablo. Dios ha anotado sus ardientes, fervorosas y especiales oraciones: aquel Rosario entero que cada día rezaba con sumo gusto. E hizo más la señora Amelia: ofreció sus dolores, ofreció su vida, y Dios se la aceptó a una edad todavía floreciente.

Escribió para las buenas personas, para el pueblo, para las amas de casa, para los labriegos, para las muchachas, para las esposas, para las madres. Escribió acerca de las maravillas de la creación, de las facultades del hombre, de las fiestas religiosas. Varios de sus escritos, publicados por las Ediciones de la «Escuela Tipográfica», fueron reunidos en libro y tuvieron varias reimpresiones. Tradujo muy bien del francés. Dio su ayuda a las ediciones: ella compraba el papel, costeaba el trabajo de impresión, luego cedía la propiedad de la edición a la Casa y desembolsaba el precio de portada de cuantos ejemplares retiraba.

Atrajo a otros amigos, logró otros Cooperadores, valiéndose de ellos para orientar corazones y almas y para procurar ayudas a la Buena Prensa, a «San Pablo» y los hijitos de «San Pablo». El carácter maternal de su cooperación le hacía captar todas las  necesidades. Amasaba ella misma el pan en su casa y luego lo llevaba todas las semanas a su casa de adopción.

En aquellos primeros años de los comienzos se encargaba ella de procurar para todo el año la fruta y el vino: en invierno y en primavera hasta finales de junio los jovencitos de la «San Pablo» saboreaban la uva conservada, las manzanas o las peras...

Tomando bajo su protección a un pequeño vocacionado, le pagó la pensión y le proveyó de todo el ajuar necesario. Para la pensión de otro joven anticipó una suma. Hacía alegres las Navidades, la fiesta de san Pablo, la Pascua con dulces y dones especiales...

Ahora esta buena Madre está en el cielo y ruega por nosotros, implora de Dios la luz y el bien para los Cooperadores; goza ya el premio de haber correspondido a las especiales misericordias de Dios (UCBS 1923-24).

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Calle 161 A nº 15-50 - tel. 5287444 - Bogotá, Colombia - cooperadores@paulinas.org.co

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